Mitos y verdades: cáncer de mama (parte 3)

7- ¿La ingesta de lácteos y pollo aumentan las probabilidades de desarrollar la enfermedad?

El alto contenido en hormonas y grasas que tiene la leche entera de vaca aumenta el riesgo de desarrollar la enfermedad, por lo que se recomienda consumir leche descremada.

En cuanto al consumo de pollo, existe una falsa creencia de que se los engorda con hormonas y que eso puede generar la enfermedad, pero la realidad es que para obtener pollos mas grandes se recurre a la manipulación genética y esta no produce cáncer.

8- ¿Los antitranspirantes pueden provocar cáncer de mama?

Mucho se ha dicho sobre los antitranspirantes y el riesgo de cáncer de mama en base a una supuesta obstrucción del flujo linfático y la acumulación de toxinas. Sin embargo, la relación entre ambos carece de sustento científico.

 

9- ¿Los corpiños con aro pueden provocar cáncer de mama?

El uso del corpiño, independientemente de si tiene o no aro y si se usa de día o para dormir con él, no aumenta el riesgo de cáncer de mama. Solamente puede generar molestias en caso de que sea muy ajustado o esté fabricado en algún material rugoso.

 

10- ¿El sobrepeso, la obesidad y el sedentarismo aumentan el riesgo de cáncer de mama?

Las mujeres con obesidad o sobrepeso (BMI mayor a 25) tienen más posibilidades de padecer un cáncer de mama que aquellas que mantienen un peso adecuado.

Hasta el momento no existen vacunas para evitar el desarrollo del cáncer de mama y, sumado a esto, muchos de los factores de riesgo no pueden modificarse. Sin embargo, existen otros factores que sí podemos controlar para reducir las posibilidades de desarrollar la enfermedad.

Llevar una vida saludable, evitar el consumo de tabaco, mesurar la ingesta de alcohol, modificar malas conductas alimenticias, incluir verduras frescas, hortalizas, y frutas en la dieta diaria, realizar ejercicio físico y exponerse a la luz solar con prudencia, son todos factores modificables que ayudan en la prevención no sólo del cáncer de mama sino también de muchas otras enfermedades que afectan a la mujer.

Desde la Sociedad Argentina de Mastología, en pacientes con exámenes clínicos normales y sin antecedentes familiares de cáncer de mama, se recomienda realizar una mamografía de base a los 35 años y luego de forma anual a partir de los 40. Quienes sí presentan antecedentes directos (madre, hermana) deben comenzar con los estudios 10 años antes de la edad de detección del cáncer del familiar más cercano. Por lo general, es a los 30 años.